Vida desde la Carretera

Tuesday, January 31, 2006

Leccion de Historia


Tren al sur ¿o debo decir al centro-sur? Un interludio romántico lleno de sembrados de duraznos y melones, paisajes verdes, casas patronales y hombres luciendo orgullosos sus sombreros de paja. La esencia del chile huaso desplegándose ante la ventana del tranvía. Por un instante disfrutaba de la comodidad reservada a aquellos mortales que se pueden permitir pagar un pasaje, pero todo lo que obtenía eran imágenes...como ver la televisión.

PUNTO CERO

San Fernando: una ciudad muy similar a muchas otras ciudades de Chile. Como descubriria más adelante, Fuguet no estraba tan equivocado cuando decía que en nuestro país habían rasgos que tendían a repetirse a lo largo de la "larga y estrecha faja de tierra". (Al menos, respecto a la sexta y a la séptima regiones)

La estructura era la siguiente: Una calle larga en torno a la cual se organiza el comercio, compuesto principalmente de tiendas de ropa americana, centros de llamados, emporios donde venden especias (habìan muchos, todos llenos de saquitos de pimienta y comino y ají y tantas otras esencias) , pequeñas mueblerías y aun pocos y pequeños sypermercados y centros comerciales, un aroma a pueblo tratando de adaptarse a la vertiginosa modernidad pero sin sentirse presionado, algo que de por sí llama la atención.

La gente resulta ser un amor: ante una pregunta tan inocente como "dònde queda la carretera" nó solo responden de buen gusto, sino que agregan muchos detalles con una jovialidad que desarma ( y encanta) al visitante del centro norte. La señora del quiosco, el chofer de la micro, los guardias o las promotoras de los supermercados, gente sencilla, normal, y muy amena.

Sin embargo, el panorama cambia al salir a la carretera. Entonces se manifiestan los doscientos años de latifundismo en toda su dimensiòn: mientras el "pueblo" acoge al vistante y hacen gala de su amabilidad, los "patrones" (que poseen autos y camionetas, doblan por sendereos por los que no esta permitido doblar y mientras manejan hablan por celular) ni siquiera miran al pasar o lo hacen con desdèn, como un señor feudal a sus vasallos. Los paraderos exentos de frases obscenas, recuerdos, poemas y dibujos eran categóricos: no se permitìan mochileros en la zona, y el que osara levantar su pulgar se verìa condenado a una insolación caballuna. Como su humilde servidor.

Saturday, January 28, 2006

Curiosidad

La carretera es un ecosistema bastante particular. En ella coexisten camioneros, místicos, delincuentes, jóvenes ansiosos de nuevas experiencias y revolucionarios antisistémicos, entre muchos otros variopintos personajes. Inmiscuirse dentro de aquella realidad es más fácil (y más difiícil) de lo que se piensa; sólo requiere de dos elementos: receptividad y fuerza de voluntad.

La curiosidad es uno de los instintos básicos del hombre, la verdadera fuente de sus triunfos y derrotas. Aunque actualmente esta característica sea desdeñada frente al sinnúmero e comodidades que ofrece la tecnología y el neoliberalismo global. Para desplazarse es mucho más comodo (y más seguro) desplazarse en bus, o auto, e incluso avión.

Hacer dedo es visto como un arrebato juvenil, un desafío al peligro, casi una locura. Muchas veces lo es, por supuesto. No puede negarse que existen riesgos...puede que yo mismo termine mi existencia pasado mañana...en la carretera...víctima de una desafortunada circunstancia...en modo alguno una casualidad; o pierda algo...seguramente. Pero existen también otras posibilidades: aprender lecciones de humildad, de tolerancia, conocer realidades nuevas y lugares que no aparecen en las guías turísticas. La decisión es libre. Mi intención aquí es realizar un humilde aporte relatando las circunstancias a las que me enfrento de la forma más desapasionada posible. Por tanto, desde el próximo párrafo en adelante, abandono la primera persona.

Viajeros Borrachos, Adolescentes Rebeldes, Yetas y Camioneros Libidinosos

"Socio, ¿por qué no se toma un vinito conmigo?" La Herradura, Coquimbo, 14:00 pm. Un tipo de unos 45 años, de ojos claros y cansados, ropa que no sabía de detergente desde hace semanas, un pequeño bolso y un humilde bastón de fierro, rompe el hielo. Lleva 15 de años de viaje a cuestas. ( o al menos, eso afirma) "Me conozco toda esta hueá" dice, refiriéndose a la carretera. No posee un trabajo estable, ni menos dinero, pero trasunta felicidad. Afirma tener amigos en todos los rincones de Chile, y muchos lugares adonde llegar. Cuando se le consulta por familia, sin embargo, deja entrever su tristeza. "mejor no hablo de eso, ninguna mina va a ser capaz de esperarme, y yo no soy para quedarme en un sólo lugar. Dejé una señora e hijos atrás, pero no importa, yo soy libre." Tras una breve charla, sigue su camino...en soledad.

Errantes contemporáneos, ermitaños posmodernos que no saben de internet ni de stress. En el polo opuesto se ubican aquellas personas que llegan a la carretera producto de arrebatos o decisiones precipitadas, sin saber qué les espera. Gente acomodada que se enfrenta intranquila y recelosa a la eventualidad de tener que pasar la noche en el container de un camión en el medio de la nada, ante la vida sacrificada de los camioneros que enmascaran su eterna soledad levantando a viajeros a los cuales proceden a relatarles toda su vida en unas cuantas horas, enfatizando sus triunfos, en ocasiones, confesando sus derrotas y debilidades, haciendo gala de su buena voluntad y enfrentando su propia experiencia a la del viajero, el cual muchas veces ve enfrentadas sus propias convicciones a las de la persona que mablemente le tendió la mano. Muchas veces, la prudencia llama al silencio y al encogimiento de hombros, a la humildad y a la templanza. Es una prueba más.

Ante los oídos inquietos de los copilotos se suceden historias de crímenes y piratería, de corrupción y de realidad, de grandeza y miseria. Una vida a veces chocante y extraña...pero vida, al fin y al cabo. Podría pensarse que las carreteras están tan muertas como los paisajes vacíos entre Tongoy y los Vilos...es tan fácil generalizar y aprender de las experiencias ajenas...

Samuel Hugimunnin