Leccion de Historia

Tren al sur ¿o debo decir al centro-sur? Un interludio romántico lleno de sembrados de duraznos y melones, paisajes verdes, casas patronales y hombres luciendo orgullosos sus sombreros de paja. La esencia del chile huaso desplegándose ante la ventana del tranvía. Por un instante disfrutaba de la comodidad reservada a aquellos mortales que se pueden permitir pagar un pasaje, pero todo lo que obtenía eran imágenes...como ver la televisión.
PUNTO CERO
San Fernando: una ciudad muy similar a muchas otras ciudades de Chile. Como descubriria más adelante, Fuguet no estraba tan equivocado cuando decía que en nuestro país habían rasgos que tendían a repetirse a lo largo de la "larga y estrecha faja de tierra". (Al menos, respecto a la sexta y a la séptima regiones)
La estructura era la siguiente: Una calle larga en torno a la cual se organiza el comercio, compuesto principalmente de tiendas de ropa americana, centros de llamados, emporios donde venden especias (habìan muchos, todos llenos de saquitos de pimienta y comino y ají y tantas otras esencias) , pequeñas mueblerías y aun pocos y pequeños sypermercados y centros comerciales, un aroma a pueblo tratando de adaptarse a la vertiginosa modernidad pero sin sentirse presionado, algo que de por sí llama la atención.
La gente resulta ser un amor: ante una pregunta tan inocente como "dònde queda la carretera" nó solo responden de buen gusto, sino que agregan muchos detalles con una jovialidad que desarma ( y encanta) al visitante del centro norte. La señora del quiosco, el chofer de la micro, los guardias o las promotoras de los supermercados, gente sencilla, normal, y muy amena.
Sin embargo, el panorama cambia al salir a la carretera. Entonces se manifiestan los doscientos años de latifundismo en toda su dimensiòn: mientras el "pueblo" acoge al vistante y hacen gala de su amabilidad, los "patrones" (que poseen autos y camionetas, doblan por sendereos por los que no esta permitido doblar y mientras manejan hablan por celular) ni siquiera miran al pasar o lo hacen con desdèn, como un señor feudal a sus vasallos. Los paraderos exentos de frases obscenas, recuerdos, poemas y dibujos eran categóricos: no se permitìan mochileros en la zona, y el que osara levantar su pulgar se verìa condenado a una insolación caballuna. Como su humilde servidor.

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